Han transcurrido cuatro meses de la elección presidencial en Venezuela y la transición política tan esperada por buena parte de los ciudadanos no se vislumbra claramente. El gobierno de Maduro acrecentó su ilegitimidad y la represión para mantenerse en el poder, mientras que la oposición no parece tener una estrategia clara para «cobrar» el triunfo del 28J.
Así lo ve, en un apretado resumen, el politólogo y profesor universitario John Magdaleno, quien ha hecho estudios sobre transiciones políticas en el mundo, precisando que para que se produzcan se deben producir una serie de eventos encadenados, siendo lo electoral uno de ellos. Reivindica la votación lograda el 28J, con la cual quedó demostrado que existe una clara mayoría a favor del cambio político en Venezuela.
–¿Han transcurrido cuatro meses del 28J, ¿cuál es el balance al día de hoy?
-Un balance a cuatro meses de la elección presidencial del 28-J incluye una seria crisis de legitimidad del régimen político; una creciente represión y, en general, violaciones de garantías cada vez más graves; restricciones cada vez más severas para ejercer libertades civiles y derechos políticos; serios desafíos para que el liderazgo opositor traduzca el mandato de cambio político expresado el 28-J en una realidad fáctica; crecientes desacuerdos entre el liderazgo opositor acerca de cómo orientar la lucha en favor de la redemocratización del país; acusaciones públicas entre una parte de ese liderazgo, que podrían dificultar la coordinación estratégica en lo sucesivo; una economía que no termina de producir una recuperación acelerada, sistémica y sostenible en el tiempo, particularmente si tomamos en cuenta el PIB perdido en 8 años; un país expectante y con mucha incertidumbre acerca del destino futuro del país en el corto plazo; una población exhausta por la prolongación del conflicto político, cuya médula es, en mi opinión, la inexistencia de un sólido Estado de Derecho y la resistencia de los principales decisores del régimen político a que la alternabilidad política sea la principal regla de juego que modele la convivencia política.
–Hay quienes aseguran que se debió negociar la transición antes de las elecciones. ¿Compartes esa opinión? Si es así, ¿por qué no se hizo? ¿Los acuerdos de Barbados no eran suficientes?
-La información de la que dispongo es que varios actores opositores lo intentaron y que, incluso, se redactaron varios documentos en los que se le proponían a los principales factores de poder del régimen político ofertas de garantías e incentivos si accedían a facilitar (colectivamente) el inicio y desarrollo de una transición a la democracia. Pero, hasta donde entiendo, si la información que me ha llegado es rigurosa, no hubo respuesta.
Podría contribuir enormemente al análisis desapasionado de lo que allí ocurrió: 1) una adecuada comprensión de la naturaleza del régimen político venezolano; 2) una adecuada comprensión de la naturaleza de la dirección opositora con mayores responsabilidades; 3) las estrategias desplegadas por el oficialismo y la oposición mucho antes de la elección presidencial; 4) si los interlocutores opositores que fueron encargados de comunicarse con factores de poder eran válidos para los principales decisores del régimen político y viceversa; 5) cómo fueron recibidas las ofertas de garantías e incentivos del lado oficialista; 6) si había o no disposición de conversar del lado del poder político o si, por el contrario, ya la decisión de qué hacer frente al 28-J estaba tomada con mucha antelación, etc.
-Era previsible que el gobierno se robara la elección, tal como hizo. Si fue así, ¿qué debió hacer la PUD para evitarlo o enfrentarlo?
-Pronostiqué, con mucha antelación, la posibilidad de que el régimen político no reconociera un resultado abiertamente favorable a la oposición, como sugería un análisis serio de las encuestas por muestreo más profesionales.
Pienso que no estaba en manos de la oposición evitarlo y lo señalo desde una óptica estrictamente estratégica. Y si hubiera intentado evitarlo, cosa nada sencilla por demás, la dirección opositora debía haber estado mucho mejor equipada de cara a la presidencial y a las semanas subsiguientes. Insisto, lo comento desde una perspectiva estrictamente estratégica.
Pienso que la probabilidad de aproximarse al inicio de una transición a la democracia hubiera podido aumentar si se hubiera hecho un trabajo más prolongado, exhaustivo y detallado de organización, articulación y coordinación estratégica entre múltiples sectores sociales para preparar un ciclo de movilización colectiva verdaderamente masivo y no-violento.
Adicionalmente, todos vimos cómo los sectores populares de no menos de 10 ciudades del país se pronunciaron saliendo a las calles el lunes 29 y el martes 30 de julio, en su gran mayoría de modo pacífico, y salvo algunas excepciones no fueron acompañados por la dirección política opositora. Por lo que entiendo, se esperaba una instrucción política que nunca llegó. Desde luego, muy probablemente pase mucho tiempo para que podamos comprender por qué tal cosa ocurrió, pero el caso es que así se produjeron los hechos.
-La transición no ocurrió y no parece que vaya a lograrse
-Es muy importante que comprendamos colectivamente que una transición a la democracia es el fruto de un encadenamiento de variables, no de una sola variable. Lo he repetido hasta la saciedad durante 10 años y, pese a ello, todavía escucho a gente preguntarse en voz alta por qué la elección presidencial no precipitó el inicio del cambio político. La elección fue el componente realmente exitoso de la estrategia opositora. ¡Si hasta se llegaron a presentar públicamente las actas que confirman la existencia de una mayoría a favor del cambio político! Lo que no se le puede pedir a la elección es que ella sola, como por arte de magia, resolviera el conflicto político venezolano. Por ello, es muy importante responder con seriedad la pregunta de qué pasó con el resto de los componentes de la estrategia opositora (la movilización colectiva, las negociaciones y la presión externa, por ejemplo), tanto para fines académicos como para una mejor comprensión de la población venezolana.
Imaginemos, por un momento, en qué punto estaríamos como sociedad si no se hubiera estimulado a la mayoría del país a participar en la elección presidencial y si no se hubiera configurado una mayoría robusta a favor del cambio político. Por ello, no puedo estar más en desacuerdo con quienes ahora postulan que la elección no sirvió de nada. Es una postura absolutamente contrafáctica. Si hay una crisis severa de legitimidad del autoritarismo venezolano es precisamente porque la mayoría participó y le dió un voto de confianza a Edmundo González Urrutia, que hasta hace poco era conocido fundamentalmente en el mundo diplomático y en determinados sectores sociales. La fuerza e intensidad de la voluntad de cambio político condujo a casi el 70% del país, según las actas presentadas por la oposición, a votar por él. ¿Cómo es eso de que la participación electoral no aportó nada? No entiendo semejante razonamiento.
-Existe presión externa hacia el gobierno de Maduro, pero a lo interno hay una tensa calma. ¿Es posible salir de Maduro sin presión interna? ¿cómo generarla?
-Cuando se examinan los casos reales de transiciones a la democracia, se encuentran regularidades y excepciones. La gran mayoría de los 120 episodios de democratización (posteriores a la Segunda Guerra Mundial) que he podido examinar a lo largo de 10 años, combinan modalidades de presión interna y externa. De modo que, hablando en términos probabilísticos, luce poco factible que se inicie una transición sin presión interna. Incluso casos como Panamá y Granada, estuvieron precedidos de intensas presiones internas mucho antes de la intervención militar norteamericana.
La cuestión de fondo es entender que hay diversas modalidades en que se puede expresar la presión interna. Si reducimos nuestra comprensión a las protestas, nos perderemos una importante calidad y cantidad de formas en que se manifiesta la presión interna.
-¿Cuáles son las tareas inmediatas que debe haber acometido la oposición después del 28J y en estos momentos?
-Como lo he dicho en varias entrevistas, no estoy respondiendo preguntas asociadas a la estrategia opositora. Primero, porque ha cambiado radicalmente el contexto sociopolítico del país. Segundo, porque con el nivel de paranoia de algunos funcionarios, todo está, potencialmente, bajo sospecha, incluso las estrategias que intentan estimular una redemocratización «por las buenas».
-¿Existe una dirección colectiva, la PUD sigue funcionando o todo depende de lo que decida y haga la abeja reina?
-Estas últimas semanas me he formulado internamente una pregunta muy parecida: si está funcionando o no una dirección política colegiada. Una cosa es que la oposición cuente con un liderazgo, pero otra muy distinta es que exista un debate profesional entre el liderazgo. Francamente, ignoro qué ocurre en el seno de la más alta dirección política.
Puedo entender que el actual contexto sociopolítico obliga a tener más prudencia y, obviamente, mayores reservas con los componentes esenciales de la estrategia. Pero de allí a que no tenga lugar un debate profesional interno, media una gran distancia. De vuelta, ignoro si eso está teniendo lugar o no. Me preocupa la posibilidad de que se escuchen sólo unas voces. Si eso estuviera ocurriendo, sería mala señal.
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